Andrea contra pronóstico

00106523178272____1__640x640Reseña

Andrea contra pronóstico es una lectura ligera que puede leerás de un tirón. Su trama es sencilla y su vocabulario accesible, sin caer en la simpleza. Una lectura para pasar un par de tardes agradables.

De tono llano, juvenil, Andrea… se nos muestra en ocasiones políticamente incorrecta, quedándose en lo superficial. Aunque son pasajes mínimos, resultarían prescindibles, para aligerar la lectura.

El texto nos cuenta la historia de Andrea en ciudad hostil, las amistades que hace, sus trabajos, problemas con el idioma, dudas y, por supuesto, amores. Las amistades son creíbles, junto con el tratamiento de los personajes. Están en su justa medida. No así sus amores, donde la autora traspasa la línea de la credibilidad en alguna ocasión.

La historia secundaria debería desarrollarse con mayor extensión. Se entiende la intención de la autora, el motivo de su inclusión, la relación entre ambas comienza en la misma dedicatoria, pero el texto habría cobrado una dimensión superior reduciendo la trama principal, que está algo sobredimensionada en extensión, en detrimento de esa secundaria.

Andrea contra pronóstico puede servir de manual de autoayuda para padres angustiados, con hijos en edad de emigrar. Las aventuras y desventuras de Andrea son universales. Su historia se repite, es la misma que la de los precedentes y futuros, por lo que también servirá a todo el que se vea obligado a marchar, a modo de guía de viaje.

En definitiva, Andrea… con sus virtudes y defectos, nos cuenta de forma amena la historia de nuestros jóvenes compatriotas -en 2009 y 2013 más de doscientos mil, entre 18 y 30 años- en un país extraño.

Alba Lago

Personal

Esta una reflexión bastante subjetiva y personal. Lo más probable es que sea involuntario por parte de la autora, pero hay algo más que veo en Andrea…

El retrato de un grupo generacional que no sale bien parado, un grupo numeroso y formado que se cree culto porque ha ido a la universidad. En el libro hay alusiones constantes a la música popular, pocas o ninguna literaria. También, aunque una parte podría justificarse por el trabajo de Andrea, a la moda. Por supuesto, nada de política.

Jóvenes con una formación superior a la de sus padres, la generación de Andrea no aspira a cambiar el mundo. De hecho, cuando analiza su situación, se quedan en lo obvio. Sus exabruptos y análisis podrían ser suscritos a izquierda y derecha. Cuando eso ocurre es que no se ha escarbado más que la superficie, y a veces ni eso. Utilizando un símil arquitectónico, apropiado por razones que no hace falta explicar, es como si evaluásemos la robustez de un edificio fijándonos en la decoración de las habitaciones. En lugar de ver la fachada desconchada, hecha polvo, los pilares que se vienen abajo, la generación de Andrea se fija en la marca de las cortinas o la madera de los muebles.

Desarraigados, desposeídos de parte de lo conseguido por sus padres, Andrea y los suyos no buscan recuperar los derechos perdidos, sino la parte de capitalismo que les ha sido arrebatada.

Alberto Amor Jimenez

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