Como convertirse en el pequeño Nicolás de lo online

By, Alberto Amor Jiménez

 Para ejercer de trilero, cuentista, liberal o político, no necesariamente en ese orden o de manera conjunta,  solo hace falta ser capaz de articular sonidos y tener algo morro. No hace falta tener un alto coeficiente intelectual para imitar un discurso en el que ya se han establecido las máximas inamovibles, las preguntas, las objeciones o las respuestas a las mismas previamente. Para eso, con una buena memoria, valdría.

Hace unos días, la prensa rosa tuvo a bien contarnos que el CI del llamado pequeño Nicolás no era para tirar cohetes. No es que pensara que el chaval fuese disminuido psíquico, lo que me sorprende es que se tuviese la idea de que este chico debería tener una gran inteligencia para hacer lo que hizo. Visto lo visto, cualquier con el conocimiento justo para atarse los zapatos y no cagarse y mearse encima podría hacerse pasar por agente del CNI o conseguidor.

Desengañémonos, el mundo en el que se mueven las élites de este país, -al menos una parte de ella- es casposo y no da para muchas sofisticaciones, mucho menos inteligencias. Alguien de lengua fácil -no hace falta que tenga un discurso florido, sólo que sea mimético con el entorno- es capaz de medrar en ese tipo de ambientes y hacerse pasar por uno de ellos. Con los lugares comunes y las frases hechas, propias del lugar, se puede pasar inadvertido.

Está pasando igual en el mundo online, que es hacia donde quiero dirigir este post. Gran nido de cuentistas. Algunos saben que lo son, otros no, sólo han sido abducidos por un discurso que se han tomado al pie de la letra. pertenecen a esa grupo que Javier Celaya llama “altavoces“. Difunden el discurso porque lo creen correcto o porque han visto en él una oportunidad.

Tanto los que lo saben como los que no, suelen ser diplomados o licenciados en tal o cual cosa, porque son unos preparados, algo que hoy en día está muy bien visto. No haría falta. Su discurso, los mandamientos están muy claros. Tan solo hay que memorizarlos, junto con las respuestas a las posibles objeciones. Nada más. Cualquier con pocos escrúpulos, o la suficiente candidez para creerse el discurso de manera tan rígida como para no tener dudas sobre qué está haciendo, sería capaz de hacerlo. Repitan frente al espejo unas cien veces: “el mundo online es mejor que lo offline”, “hay que luchar por nuestros sueños”, “encuentre su nicho”, “las redes sociales son el futuro de nuestro negocio”… en general, todas aquellas frases que reconozcan en los tantos y tantos blogs de expertos que ofrecen sus servicios. Seguro que encuentran muchas de ellas.

Debería ser un secreto, pero me voy a arriesgar y se lo voy a desvelar: el mundo online difiere poco del offline en algunas cuestiones, como la que nos ocupa. Está lleno de cantamañanas, incautos y gente que nos vende cosas utilizando frases hechas y lugares comunes. No tienen la categoría de argumentos, pero saben que funcionan, por eso los utilizan como tal. Nos los tragamos hasta la última gota.

Estamos yendo hacia atrás, a los tiempos del cliente incauto, célibe de trampas marketinianas y eslogan. Si algo bueno ha tenido el nuevo entorno, para algunos, ha sido que nos ha despojado a todos del resabio del consumidor. Tan sólo ha hecho falta cambiar el  lema publicitario de la valla de la autopista a un post, o a la  cabecera de una fan page para que vuelva a resultar creíble a todo el mundo. El gran milagro de Internet.

Que tengamos Twitter, Facebook y esas cosas no nos hace seres superiores. En realidad estamos más expuestos que antes a que alguien llame a nuestra puerta y nos venda una cámara réflex o unas gafas de sol de pastel. Lo que ha cambiado es que, detrás de un blog con un diseño aseado o un perfil de Twitter ocurrente, cualquiera puede parecer inteligente, incluso un profesional de lo suyo.

Realizar una fan page y un blog, plagándolo de axiomas marketinianos motivadores, de coach de tercera regional, no es difícil. Podemos convertirnos en unos nicolasitos online si queremos. Puede que no lleguemos a codearnos con las elites, pero ya sabemos que el mundo online, a pesar de venderse como la gran esperanza, es más bien precario, por lo que deberemos conformarnos con ser unos cuentistas involuntarios para alardear de mileuristas, enseñanzo a postear en Facebook o a ser gracioso en Twitter. Nada de agentes del CNI. Además, después de lo ocurrido, es posible que estén algo moscas. Con atraer a unos cuantos incautos para sacarles unos euros, nos vale. Podemos convertirnos en expertos, asesores online para nuevos negocios, incluso para futuros expertos y asesores, así, retroalimentando la máquina hasta que explote la burbuja de estos expertos en nada, nicolasitos online que ni saben que lo son. Para aprovechar esta coyuntura, los más avispados ya se autonombraron, hace tiempo, profesores/expertos de la nueva ornada. Son los que sacarán la mayor tajada, a los más burdos ya les hemos empezado a calar.

Podemos aprender a utilizar sus propias frases hechas y axiomas para triunfar en este nuevo mundo. Nos cuentan que debemos entender a nuestros clientes, disfrutar de lo que hacemos, busquemos nuestro nicho, salgamos de nuestro zona de confort, luchemos por nuestros sueños.

Ayer soñé que, esos autonombrados expertos en todo lo que lleve el sufijo online, tenían un encuentro salvaje con el negro del wathsapp. Lucharé para cumplir ese sueño.

Alberto Amor Jimenez

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