De información, pellejos y sofás

Algunos fotógrafos esgrimen poses seductoras, en plan Corto Maltés, duros, viajados, con mirada en plan Blade Runner “he visto cosas que vosotros jamás creeríais”. No se dejen impresionar.

Estar en una situación de peligro no legitima nada, ni las imágenes que hacemos ni nuestra actitud. Se pongan en peligro o no, hayan “levantado el culo del sofá para irse a jugarse la vida” -a lo que nadie les ha obligado, por cierto- no legitima sus fotografías y para qué se utilizan, por lo que no sería esa la justificación correcta.

Recuerdo ahora una frase de Mixerachs en Profesiones con futuro: Fotógrafo, en la que comenta que una torre Eiffel hecha de palillos usados puede tener mucho mérito, pero no deja de ser un objeto repúgnate. Es lo mismo. La cuestión no es si se está jugando usted el pellejo o no, ni su supuesta buena intención, sino los hechos que ayudan a provocar sus imágenes.

Pongamos dos ejemplos:

A Manu Brabo le han increpado en Twitter en algunas ocasiones sobre este aspecto. Su figura porta algunas sombras en referencia a su posicionamiento en los conflictos que ha fotografiado. Creo que no descubro nada si digo que determinados premios son pagos por servicios prestados, desde el nobel al Pulitzer, y por ahí podemos ir viendo algunas cuestiones.

En el hilo de Twitter referenciado se la acusa de ser un agente sionista y de la OTAN (sic). No hace falta ir tan lejos. No llega a tanto. El sistema simplemente utiliza a los fotógrafos y sus imágenes. No hace falta pagarlos, porque ya hacen el trabajo ellos solos. Adoctrinado se viene de casa. Realmente creen que están ayudando, haciendo algo por las personas que fotografían. Sin embargo, si no fuese así, ¿qué pensarían las personas que fotografían si supiesen que las imágenes que les están haciendo sirven para legitimar la situación en la que se encuentran, incluso para provocar otra aún peor, como puede ser un bombardeo masivo sobre la ciudad en la que viven?

El gran problema de la fotografía es que centra su discurso en las historias de vida, por lo que es fácil manipular esas imágenes, presentarlas de tal modo que un público analfabeto visual y políticamente entienda lo que queremos que entienda, no vaya más allá de lo que hay en la superficie. La terrible vida de personas en situaciones límite, sin contexto ni análisis. Cuando lo hay, es el del poderoso, el que está provocando esa situación.

Por lo tanto, el peligro de muerte no legitima al fotógrafo o al periodista para nada. Lo que te legitima son tus actos y tu trabajo. Si tus imágenes sirven para que los interese de las elites masacren poblaciones y desestabilicen países soberanos, bajo la excusa de liberando al pueblo de un supuesto tirano, que ha dejado de servirles, eres parte del problema, por muy independiente que te creas. Si tus imágenes ayudan a desinformar a la opinión pública, para que se posicione a favor de invadir países, eres un actor directo en esa guerra, no un testigo, y denota de qué lado estás. Que fotografíes y pases el tiempo con la gente a la que con tu granito de arena en forma de fotografías ayudas a masacrar, es una paradoja macabra.

Siguiendo con Brabo, el ejemplo que hemos tomado, pero que podría ser cualquier otro; las fotografías ganó el Pulitzer en 2011 dan una visión sesgada, y dirigen la interpretación del conflicto hacia los intereses de una de las partes de forma muy clara, exactamente lo mismo que suelen hacer los textos con los que los medios de comunicación acompañan a estas imágenes. Evidentemente, no pueden premiar un reportaje sobre agentes de la CIA entrenando a milicias del DAESH, porque lo más probable es que ese reportaje no exista, lo mismo que el fotógrafo/a que se hubiera atrevido a activar el obturador en presencia de una situación semejante.

Brabo no es el único fotógrafo o periodista sobre el que se ciñe la sombra de cierta complacencia con el imperialismo y sus desmanes. En el otro lado, el de los plumillas, Arturo Pérez Reverte es otra figura con bastantes sombras en su pasado profesional. Más allá de su lenguaje, al gusto de librepensadores que en realidad reproducen los discursos de los medios de comunicación interesados. El otrora periodista en sus crónicas ocultaba información relevante y dirigía la opinión de los telespectadores, por lo que es más de lo mismo.

Seré un crédulo y diré que lo más probable es que los fotógrafos y periodistas no son agentes imperialistas ni están a sueldo de la OTAN o el sionismo. Démosle el beneficio de la duda, tan sólo son una persona más, manipulada y machacada por la propaganda, que aporta su granito de arena sin posiblemente pretenderlo, a la manipulación constante de la realidad por parte de los medios de comunicación. Aún así, su pecado es mayor que el de cualquier otro, ya que a su profesión se le presupone un conocimiento de la realidad mayor que la media, igual que su capacidad para analizar más allá de la superficie que se despliega ante sus ojos. Para argumentar lo mismo que haría cualquier librepensador después de ver Antena 3 noticias, no hacía falta irse a jugar el pellejo tan lejos; no obstante, claro, desde el sofá no se hacen fotos chulas para ganar el Pulitzer, ni se gana uno el pan de cada día.

Alberto Amor Jimenez

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