En mi zona de confort hay champan a raudales y caviar

By, Alberto Amor Jiménez

Hay un lugar muy nombrado, donde se está calentito, a salvo de discursos falaces y embaucadores. Los marketinianos la llaman “zona de confort” y si no sales de ella, no podrán devorarte, por eso te invitan a huir de allí. No les gusta tu zona de confort -la suya sí, ojo-, porque en él no vas a conseguir la gloria, el éxito, la realización personal, cualquiera de esas cosas que los pobres no podemos permitirnos.

Este tipo de discursos jamás prometen cuestiones más tangibles, que nos beneficien a la sociedad en su conjunto, como podrían ser la justicia universal, la herradicación del hambre, la miseria o la desigualdad… son cuestiones difíciles de alcanzar, lo admito, pero al menos serían más loables y estaríamos más dispuestos a escucharles. Sin embargo, los que abrazan este tipo de lugares comunes suele ser más prosaica. Ellos dirán que son más realistas, que ya se sabe las capacidades de adaptación y justificación que tienen los discursos de tipo liberal ante las objeciones.

¿Han visto o leído La carretera? cuando escucho la expresión “zona de confort” me imagino a las bandas de caníbales armados, recomendando a la gente sin escapatoria, escondida en su casa, sin ninguna oportunidad ni esperanza, aterradas ante un mundo hostil, alentándolas a salir de su zona de confort desde el rellano, diciéndoles a los de arriba que dejen el sillón y salgan ahí fuera, a disfrutar de la vida.

No estoy acusando a la totalidad de gente que utiliza el término. La mayoría de ellos tan sólo han sido manipulados para creer en tonterías marketinianas, en un sistema que, como la mayoría que tenga que ver con el liberalismo, sólo beneficia a unos pocos. A los demás, tan sólo se nos ofrece una vaga promesa de ser uno de esos beneficiados, pero es difícil que eso se cumpla, cosa que suele obviarse. Hay unos pocos, un pequeño grupo de privilegiados que vive de idear este tipo de expresiones. Son los más peligrosos, y no son irresponsables que no sepan de las consecuencias de sus aptos, tan sólo les trae sin cuidado que con ellas pueda engañarse a la gente para cometer aptos que acaben con el bienestar de su familia.

Tratar de superar la precariedad no es salir de ninguna zona de confort. No hay ningún confort en la precariedad, ni en la miseria. ¿Por qué iba alguien arriesgar su vida y la de su familia por algo? Pocos pueden permitirse dejar un trabajo en busca de un sueño, por ejemplo. La vida es un cúmulo de circunstancias que nos van empujando cada vez hacia menos opciones. Si alguien quiere escapar de ellas debe estar dispuesto a aceptar las consecuencias. Estas cosas son posibles para un grupo reducido de personas o situaciones. Ya se sabe que un mercado reducido no es rentable, por lo que hay que atraer al mayor número posible de clientela, aunque a la mayoría de esa gente no le sirva nuestro “producto”.

O eres joven, o sin cargas familiares, eres un irresponsable o estás tan desesperado como para arriesgar el poco dinero que te queda en los bolsillos. En cualquiera de los casos, pero sobre todo en éste último, hay que andar con cuidado ante los consejos que alientan a cometer irresponsabilidades irreflexivas, algunos provendrán de gente que lo hace con la mejor intención, porque a él también le han engañado, pero otros es porque viven de dar esos consejos. No les importan las consecuencias, porque ellos no las sufrirán.

 

Alberto Amor Jimenez

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