Qué puede haber fallado

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Alberto Amor Jiménez

Aún seguimos preguntándonos qué puede haber fallado. Desde Unidos Podemos dicen no saber qué ha pasado. Para averiguralo han encargado un estudio. Saben de eso, ya que son gente preparada. Cuando lleguen las conclusiones, ya nos dirán. Seguro que están bien.

De momento, algunos ya tenemos las nuestras. Si fuésemos Arturo Pérez Reverte, podríamos concluir que nuestro ADN no nos permite otra cosa, que somos un país de envidiosos, admirador del corrupto. Lo único que queremos es ser como ellos, los que roban, no pararles los pies. Evidentemente, este es un análisis “cuñao”, que diría un tuitero. Pero por aquí no tenemos en muy alta estima a esa red social, algo confundida con su capacidad de influencia e ingenio. Lo dejaremos ahí.

Es mentira. No hay ningún ADN que empuje a actuar de un modo u otro a las personas. Lo que hay son procesos históricos que condicionan nuestro pensamiento. Un marxista diría que es la lucha de clases, motor de la historia. Por ahí van los tiros. Reverte, tan ducho en historia, debe conocer la de España, pero se empeña en interpretarla de aquella manera.

Sin irnos muy lejos, España viene de un siglo XIX en el que no llegó a triunfar la revolución burguesa, aplastada por el conservadurismo, mientras que sí lo hizo en los países del entorno. Ya en el siglo XX, la II República fue violentada con un golpe de Estado conservador y beato. La dictadura educó a los españoles en el miedo y la propaganda legitimadora. Llega a nuestros días. Durante la Transición, bajo el denominado consenso, se dejó aún lado el pasado, con la escusa de la conciliación. Así no hay manera.

Aún no hemos entendido que ni siquiera somos una democracia burguesa, aunque nuestras instituciones se revistieran de ello en el 78. Si no tenemos las instituciones, mucho menos los ciudadanos. No tenemos conciencia de ser ciudadanos -concepto burgués-; mucho menos vamos a tener conciencia de clase, más a la izquierda. Antes de tener votantes con conciencia de clase, habría que tener ciudadanos capaces de pedir explicaciones a sus gobernantes ante la corrupción. No es el caso. El electorado español entiende las elecciones como un partido de fútbol, con un equipo al que adherirse incondicionalmente.

Ese panorama ha sido el abono para la alineación, la manipulación de las elites, dueñas de los medios de comunicación o cualquier otro instrumento de poder. Una pista, aunque he dicho que no iba a volver a mencionarlo: Twitter o cualquier otra red social no es un instrumento de poder. En Unidos Podemos están sorprendidos por las encuestas, que les daban muchos más escaños de los obtenidos. Seguro que habrán leído algo sobre la manipulación del electorado, presentando encuestas para inhibir o activar a una u otra parte del electorado, pero se les debe haber olvidado.

Evidentemente, en Unidos Podemos no buscaban concienciar. De eso sí que sabían que no había en España. En su lugar, hay mucha manipulación. Miedos a monstruos incrustados en el ADN -ahora sí- social, gracias a la propaganda manipuladora de décadas. Sin embargo, para sortearlo, algunos habríamos preferido algo más que eufemismos y balones fuera ante acusaciones y paralelismos absurdos con los que se han dejado bombardear. En lugar de dar explicaciones concretas y hacer pedagogía, se han dedicado a hacer memes. Pensaron que esa era la única manera de superar el escoyo de un electorado en pañales, ese que cree que el PSOE aún es de izquierdas; si es que alguna vez lo fue o pareció.

Puede que tengan razón en ese aspecto, pero hay algo que se llama dignidad. Otros habrían preferido mayor claridad y proyecto de izquierdas. Probablemente se obtienen menos escaños, pero duerme uno más tranquilo. Sustituyendo el discurso por frases ingeniosas y marketing político ya hemos visto hasta dónde nos dejan llegar.

El golpe ha sido fuerte. Los partidos conservadores tienen un mínimo garantizado que les hace inalcanzables en este escenario. Les ha sentado muy mal a los entusiastas de UP, y se han dedicado a algo muy poco de izquierdas, que es ser clasistas e insultar al electorado por su falta de criterio a la hora de votar.

La explicación, a lo ocurrido en las pasadas elecciones, no es que los españoles envidian al corrupto porque quieren ser como él. Esa es la consecuencia. Un país alienado, que proviene de una dictadura de cuarenta años donde se les bombardeó con una propaganda e imperó el miedo, seguida de una transición que se va acercando a otros cuarenta años, en la que no se han puesto en tela de juicio públicamente dicha propaganda, es pasto de las manipulaciones y la alienación. Ya que somos universitarios, vayamos un poco más allá.

Alberto Amor Jimenez

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